viernes, 4 de septiembre de 2020

"LA INFINITUD DEL DÍA"

“Seule” 1896 Toulouse-Lautrec

 
LA INFINITUD DEL DÍA

No sé
si era el desencanto
que se colaba por los poros
de la vieja pared.

No sé
si eran las voces
enquistadas
bajo la piel del alba.

O las agudas esquirlas
que se clavan
diminutas en el aire
que respiro.

Ya no lo sé.

No sé qué es este halo
de tormenta
que se cierne sobre mí.

Ya no lo sé.

Cuarto cerrado
en esta grieta abierta
de la noche…

Y no sé lo que me pasa.

Los miedos,
siempre los miedos
acechando, retumbando
en el tambor del tiempo.

No sé si son las dudas
que corroen,
ya no lo sé.

Y se me ponen
los versos del revés.

Y caen
boca abajo
hacia el vacío
como gotas
espesas
y oscuras
que me resbalan
lentas
en mitad
de la garganta.

Y se funden en negro
las palabras…

No sé lo que me pasa,
que algo me atraviesa
me parte la mirada
y se me vuelve todo gris.

Solo sigo esperando
que regrese la calma…
la infinitud del día.




María Prieto
Junio 2020

"A VISTA DE PÁJARO POR LA COSTA DE LA LUZ" (Con Juan Carlos Burgos, "Ruache"

Dunas del Asperillo, Espacio Natural de Doñana, Huelva.(J. Carlos Burgos)

A VISTA DE PÁJARO POR LA COSTA DE LA LUZ
(Colaboración con Juan Carlos Burgos)

Nace un océano
en la boca mundana de un río
cuyos brazos arenosos curva,
meciendo fértil su corriente ancha.
Exubera la vida nutrida:
cáscaras, plumas, branquias, pezuñas
en fusiones saladas y dulces.
De orillas por lunas mareadas
nacen claros los días de Huelva.

Y me acerco a sus marismas
en silencio religioso,
de paz lleno el santuario
de los pinos.
De ámbar y verdeazules
son mis ojos, con la arena,
con los juncos, con el agua.

Un aleteo agita la calma,
zancos delicados se recogen,
nube rosada de Aurora vuela.
A vista de pájaro se aprecia
el arco litoral que dibuja
como espléndida sonrisa atlántica
la Costa de la Luz.

Acantilados naranjas
y playas de Mazagón;
la Torre del Loro sueña
media luna e infinitos horizontes
de piratas berberiscos.
Y entre dunas de un mar verde
el viento reza una salve
por el cerro de los Ánsares
que amortiguan las arenas.
Playas vacías de Doñana,
dos cervatillos retozan,
se refrescan
en sus aguas luminosas.

Sobre un liviano altozano,
Moguer asoma,
como pañuelo al viento…
“¡…una blanca maravilla,
la luz con el tiempo dentro!"
A pesar de la altura, precisa,
distinguida y nítida una huella
indeleble se ve en sus caminos
blandos y alomados. Clorofila,
silicio, herradura y algodón.
Llenas van las alforjas de letras
cosechadas en sus tierras.

Atardece…se ve, blanca,
la silueta colombina de La Rábida.
Piel cobriza sobre el Tinto,
de una sierpe anaranjada,
vino oscuro.
Con la sed de las salinas
(oro y fuego en los naranjos)
el Odiel va rezagado
y se retuerce en sus meandros.

Mirador en el Conquero.
Y por el puerto
gaviotas se balancean
entre olas blanquecinas
y un quejío, rompe el aire y la marea,
por los muelles
suena un fandango de Huelva.

En la flecha de El Rompido
barcos de vela
y gaviotas en su orilla marinera.
Los flamencos…por la ría,
marejada en Punta Umbría.

Se abren paso a surcos en las olas
los coquineros con sus rastrillos.
Al sobrevolar Isla Cristina
se escuchan compases de febrero,
versos del Coro de los Cosacos,
entonada tradición festiva
con la que se alegran los inviernos.

El Guadiana, dorado y escurridizo,
vierte sus aguas fluviales
hacia poniente, a lo lejos…

Luce al horizonte ya tardío
el sol, como abrasada frontera
busca las aguas que hablan dos lenguas.
A la par de los tonos, la nube
desciende entre sus cálidos rayos
para posarse en Isla Canela.
Siluetas interrogantes cubren
de la orilla, las frescas arenas.

Cae la tarde,
duermen las aves.
Nace un poema.


“Cuando yo era el niño Dios,
era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla;
la luz con el tiempo dentro.”
                    (Juan R. Jiménez)



Autores: Juan Carlos Burgos y María Prieto
Septiembre 2020 

En Poémame