VOLVER DE NUEVO AL MAR Y SER GAVIOTA
Volví al mar...
Como quien vuelve al hogar después de tanto tiempo.
Tras la neblina azulada de febrero, una cortina pesada y nebulosa recubría el horizonte pintándolo de plomo.
Murmullo sordo y denso de las olas acercándose a mis pies, en una refrescante bienvenida.
Como quien vuelve al hogar después de tanto tiempo.
Tras la neblina azulada de febrero, una cortina pesada y nebulosa recubría el horizonte pintándolo de plomo.
Murmullo sordo y denso de las olas acercándose a mis pies, en una refrescante bienvenida.
Volví al mar... y el mar me regaló su frasco abierto de fragancias.
Y me dejó en el pelo un olor húmedo de sal, de algas y de brea. Y en la mirada, los aromas de una abierta e infinita lejanía...
Y me dejó en el pelo un olor húmedo de sal, de algas y de brea. Y en la mirada, los aromas de una abierta e infinita lejanía...
Las gotas salobres resbalando suavemente en una piel necesitada de luz, de viento y agua, de la caricia dorada de un sol que se despierta poco a poco, sobre las aguas profundas y metálicas del océano.
Volví al mar...
Y sé que tengo alma de gaviota que anida en los abruptos acantilados de asperón, inaccesibles, llenos de recovecos y cavidades misteriosas.
Y sé que tengo alma de gaviota que anida en los abruptos acantilados de asperón, inaccesibles, llenos de recovecos y cavidades misteriosas.
Ser gaviota... desde de allí, oteando la frontera, la línea recta divisoria entre el cielo y el mar.
Ser gaviota... y volar aleteando sobre las dunas litorales, suaves y arenosas abrazando a los pinares. Volar como pañuelo abierto a la deriva de la brisa, en azules bocanadas de plena libertad.
Ser gaviota...y observar los cervatillos en los lucios de las playas desiertas de Doñana, retozando como niños inquietos.
Ser gaviota...estática y lejana en una roca y observar el ir y venir incesante de las olas, sin pensar en nada más.
Ser gaviota... que se posa en las velas triangulares de los barcos, a dejarse llevar por los vientos de poniente que atraviesan el Estrecho...hacia ninguna parte.
Volver de nuevo al mar...
A fundirme en un abrazo con el aire, a respirar hondo y despacio sus esencias y dejarme acunar por la marea lentamente...
Hundir después mis pies en la fina arena de la bajamar y encontrar al fin...mi anhelada paz.
Hundir después mis pies en la fina arena de la bajamar y encontrar al fin...mi anhelada paz.
Texto y foto:
María Prieto
Febrero 2020
María Prieto
Febrero 2020
Foto: Playa de Matalascañas. Huelva.








